Volver al cuerpo: cuando comprender lo que nos pasa no alcanza
Volver al cuerpo: cuando comprender lo que nos pasa no alcanza
Comprender nuestra historia puede transformar nuestra vida.
Nos permite reconocer patrones, poner límites, revisar nuestros vínculos, cuidar nuestra autoestima y empezar a elegir de una manera diferente.
Pero llega un momento en el que aparece otra pregunta:
¿Qué hacemos con aquello que comprendemos y, sin embargo, seguimos sintiendo de la misma manera?
Ahí aparece el cuerpo.
Primero, reconocernos
Nadie nos enseña demasiado a reconocernos.
Llegamos a la vida y rápidamente empezamos a recibir información acerca de quién deberíamos ser.
Nuestra familia nos transmite maneras de amar, temores, expectativas y creencias. La sociedad nos dice qué significa tener éxito, cómo debería verse nuestro cuerpo, qué deberíamos desear y hasta qué partes de nosotros resultan más aceptables.
Y podemos pasar años intentando responder a esos mandatos sin hacernos una pregunta mucho más elemental:
¿Quién soy yo?
Existen muchas puertas para empezar a responderla.
La astrología puede ser una de ellas.
Una carta natal puede funcionar como un mapa simbólico desde el cual observar nuestras energías, contradicciones, necesidades y maneras particulares de experimentar el mundo.
No para decirnos qué hacer ni para decidir nuestra vida por nosotros.
Para reconocernos.
El tarot nos ofrece otro lenguaje. Sus arcanos hablan de comenzar, elegir, construir, perder, transformarnos, derrumbar estructuras y volver a empezar.
Nos recuerdan que el camino que hacemos no empezó con nosotros. Otros amaron, perdieron, tuvieron miedo, se arriesgaron y volvieron a empezar antes.
Comprender nuestros ciclos, nuestra historia y nuestros patrones puede cambiar profundamente nuestra manera de vivir.
Pero somos algo más que aquello que podemos comprender.
También somos cuerpo.
Lo que el cuerpo sabe
Nuestra historia no está solamente en aquello que podemos recordar y contar.
El organismo aprende. Se adapta. Desarrolla maneras de responder al estrés y al entorno.
También recibimos una historia familiar a través de los vínculos, la crianza, los silencios, las formas de relacionarnos y los aprendizajes emocionales.
Por eso hay cosas que podemos explicar con palabras.
Y hay otras que simplemente sentimos.
Una mandíbula apretada.
Una respiración que se acorta.
Hombros que permanecen elevados.
Una dificultad para descansar.
Un cuerpo que se prepara para defenderse aunque en ese momento no exista un peligro real.
Podemos comprender perfectamente por qué reaccionamos de determinada manera y aun así descubrir que nuestro cuerpo sigue reaccionando.
Entonces podemos intentar otro camino:
aquello que no conseguimos mover solamente desde las ideas también podemos empezar a trabajarlo desde el cuerpo.
Volver al cuerpo es volver a percibirnos
Volver al cuerpo no empieza necesariamente sobre una colchoneta.
Empieza cuando volvemos a percibirnos.
¿Cómo estoy respirando?
¿Dónde estoy acumulando tensión?
¿Qué siento cuando estoy con determinada persona?
¿Qué situaciones me expanden y cuáles me contraen?
¿Tengo hambre?
¿Estoy cansada?
¿Necesito silencio?
¿Necesito un límite?
¿Necesito descansar?
¿O necesito levantarme y moverme?
Parece elemental. Sin embargo, podemos pasar tanto tiempo viviendo desde la cabeza que dejamos de registrar las señales más básicas de nuestro propio organismo.
Percibirnos nos devuelve información sobre nosotros mismos.
Y cuanto más podemos percibirnos, más posibilidades tenemos de elegir qué hacer con aquello que sentimos.
No todo necesita relajarse
Hay algo que el trabajo corporal enseña rápidamente:
no todo necesita relajarse.
En una práctica de yoga o de movimiento buscamos observar qué necesita el cuerpo.
Hay zonas demasiado rígidas que necesitan aflojarse.
Y hay otras que necesitan exactamente lo contrario: activarse, fortalecerse, aprender a sostener.
Aflojar lo que está demasiado duro. Fortalecer lo que necesita sostén.
Buscar equilibrio.
Porque no siempre necesitamos bajar nuestra energía. A veces necesitamos despertarla.
No siempre necesitamos soltar. A veces necesitamos sostener.
No siempre necesitamos quietud. A veces necesitamos caminar, bailar, sacudirnos, empujar, estirar, respirar profundamente o recuperar fuerza.
Volver al cuerpo también es desarrollar esa escucha.
Preguntarnos:
¿Qué necesita mi cuerpo hoy?
El movimiento es parte de estar vivos
Cuando somos chicos nos movemos constantemente.
Corremos. Saltamos. Nos agachamos. Nos tiramos al piso. Nos levantamos. Jugamos.
No pensamos en hacer ejercicio.
Nos movemos porque estamos vivos.
Con los años eso empieza a cambiar.
Pasamos más tiempo sentados. Repetimos los mismos movimientos. Dejamos de utilizar determinados rangos del cuerpo. Poco a poco podemos volvernos más rígidos y perder capacidades que alguna vez fueron completamente naturales.
El cuerpo se adapta a aquello que hacemos con él.
Un estudio clásico iniciado en Dallas en 1966 lo mostró de una manera impactante. Cinco hombres sanos de 20 años permanecieron tres semanas en reposo absoluto en cama y experimentaron un importante desacondicionamiento físico.
Cuando los investigadores volvieron a estudiarlos treinta años después, observaron que aquellas tres semanas de inactividad habían deteriorado su capacidad cardiovascular más que las tres décadas de envejecimiento posteriores.
El movimiento no es un accesorio.
Nuestro cuerpo necesita ser usado.
Necesitamos mover nuestras articulaciones, conservar fuerza, trabajar el equilibrio, caminar, respirar, estirar y explorar movimientos diferentes.
Y también necesitamos jugar.
No podemos detener el paso del tiempo.
Pero podemos acompañar nuestro cuerpo mientras el tiempo pasa.
Quizás permanecer jóvenes no tenga tanto que ver con evitar que el cuerpo envejezca como con no dejar de habitarlo mientras envejece.
La casa que habitamos
Hay algo extraordinario sucediendo dentro de nosotros todo el tiempo.
El cuerpo respira.
Regula su temperatura.
Cicatriza.
Renueva tejidos.
Busca mantener su equilibrio y reparar aquello que puede reparar.
Y podemos vivir décadas dentro de él sin conocerlo demasiado.
Volver al cuerpo es empezar a conocer la casa que habitamos.
Sentir cómo apoyamos los pies sobre el suelo. Descubrir sus arcos y la manera en que reciben nuestro peso.
Observar nuestra postura.
Reconocer los músculos que nos sostienen.
Percibir dónde acumulamos tensión.
Y recordar algo elemental:
el cuerpo no solamente necesita que lo sostengamos. El cuerpo nos sostiene a nosotros.
Cuando nos movemos trabajan nuestros músculos, se movilizan las articulaciones, aumenta la circulación y el movimiento muscular favorece el desplazamiento de la linfa.
Pero también puede ocurrir algo más difícil de medir.
Podemos caminar después de un día difícil y sentirnos diferentes.
Podemos bailar y modificar nuestro estado.
Podemos respirar profundamente y sentir que algo empieza a aflojarse.
Podemos sacudir el cuerpo, estirarnos, llorar o soltar el aire cuando todavía no encontramos palabras para explicar qué nos sucede.
A veces el cuerpo puede expresar aquello para lo que todavía no encontramos palabras.
Y quizás eso sea parte de lo extraordinario que tiene.
No porque el cuerpo pueda curarlo todo.
Sino porque todavía tenemos muchísimo por descubrir acerca de la casa que habitamos.
Volver a nosotros
No necesitamos elegir entre mente y cuerpo.
Comprender nuestra historia importa.
Reconocer nuestros patrones importa.
Conocer nuestra manera particular de estar en el mundo importa.
Y habitar nuestro cuerpo también.
La astrología puede ofrecernos un mapa simbólico para reconocernos.
El tarot puede ayudarnos a contemplar los ciclos y arquetipos del camino humano.
La conciencia de nuestra historia puede ayudarnos a comprender de dónde venimos.
Y el cuerpo nos devuelve al único lugar en el que nuestra vida está ocurriendo ahora.
Quizás aprender a gobernar nuestra energía no signifique controlarnos.
Quizás signifique conocernos lo suficiente para reconocer cuándo necesitamos expansión y cuándo recogimiento; cuándo movimiento y cuándo descanso; cuándo sostener y cuándo soltar.
Reconocernos. Comprendernos. Percibirnos. Habitarnos.
Tal vez ese sea el camino.
Porque volver al cuerpo no significa convertirnos en alguien nuevo.
Volver al cuerpo es volver a nosotros.
Un camino para seguir profundizando
Si estás atravesando un momento en el que sentís que necesitás volver a escucharte, comprender qué se está moviendo en vos y darle lugar a aquello que pide ser mirado, creé Claridades para Sanar como un recorrido de autoconocimiento y exploración personal.
Es una invitación a detenerte, observar tu historia, hacerte nuevas preguntas y recuperar el contacto con vos misma.
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También podés comenzar ese camino a través de una Carta Natal + Revolución Solar, un encuentro para reconocer tu mapa natal y comprender el momento vital que estás atravesando.
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Mariela Gatto
Astrología · Cuerpo · Conciencia
Entenderte también es sanar.